Nuestros Vinos

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Es a mediados del siglo XX cuando se produce el verdadero auge del viñedo contemporáneo en Castilla-La Mancha. Se comienza a cultivar viñedo de forma extensiva, surgiendo por toda la región numerosas cooperativas vinícolas, la mayoría de las cuales perduran hasta hoy.

Durante las últimas décadas, gracias a la repercusión de las distintas iniciativas e inversiones de bodegueros, asociaciones, consejos reguladores y administraciones públicas, el sector vitivinícola ha modernizado todo el proceso de producción y elaboración de sus vinos, imponiendo la calidad a la cantidad.

Ante este panorama, hoy se puede decir que la vitivinicultura de la región es ejemplar, que sus vinos vuelven a gozar de la fama y reconocimiento de siglos anteriores y que, como antaño, escritores y catadores vuelven a dedicarles sus mejores frases.

BLANCOS JÓVENES

  • Pálidos, aromáticos, afrutados, moderados de alcohol, algo ácidos y frescos. Para su óptima degustación deben tomarse en los nueve meses siguientes a su elaboración. Se elaboran mediante el sistema de fermentación controlada, lo que les permite conservar todos los aromas de la variedad de origen. En Castilla-La Mancha son considerados únicos los procedentes de la variedad Airén

ROSADOS JÓVENES

  • Muy frescos y afrutados, deben consumirse en un período no superior a nueve meses de su elaboración. Elaborados principalmente a partir de la Garnacha, de cuya maceración, más o menos prolongada, obtienen su característico color.

TINTOS JÓVENES

  • Fundamentalmente elaborados a partir de Garnacha y Tempranillo, previo despalillado y fermentación del mosto con presencia de hollejos. En los últimos años hay una tendencia hacia la mezcla de ambas variedades u otras, obteniéndose caldos bien estructurados y equilibrados de gran calidad. La incorporación de nuevas variedades, como la Cabernet Sauvignon, está aportando a este tipo de vinos aromas florales y enriqueciendo su gusto. Suelen ser vinos con pocos taninos, elemento esencial del envejecimiento de los caldos tintos.

VINOS DE CRIANZA

  • Deben tener un período de envejecimiento natural mínimo de veinticuatro meses desde el final del proceso de elaboración, de los que al menos seis habrán permanecido en envases de madera. Los vinos sometidos a crianza, tras la quietud y el reposo precisos, adquieren un buqué amplio y generoso, enriqueciéndose e impregnándose de un sabor suave y aterciopelado de prolongada persistencia en el paladar. Suelen ser vinos redondos y equilibrados que conservan los aromas de la variedad de procedencia.

VINOS DE RESERVA

  • Para este sistema de crianza, se seleccionan los vinos de mejores calidades. Adquieren la condición de reserva los que han tenido un período mínimo de envejecimiento de treinta y seis meses, de los que al menos doce habrán permanecido en envases de madera. Son más estructurados que los anteriores, con colores más atejados. Mantienen vigorosos sus aromas primarios mientras que secundarios y terciarios afloran para darles elegancia y gran tacto en boca. Para los Blancos y rosados, la crianza en envase de roble y botella será de un mínimo de veinticuatro meses, con una crianza mínima en envase de roble de seis meses.

VINOS DE AÑADA

  • Son aquellos que se han elaborado, exclusivamente, con uvas recolectadas de un año determinado, no pudiendo ser mezclados con uvas o mostos procedentes de otras vendimias. Cuando se contemple su crianza, en proceso mixto de madera y botella, la permanencia mínima en barricas deberá ser de seis meses.

VINOS GRAN RESERVA

  • Esta crianza obliga al vino a mantener un periodo mínimo de envejecimiento de cinco años, de los cuales dos permanecerá en envases de madera y el resto en botella, tiempo en el que habrán desarrollado plenamente sus características y aromas. Son vinos serios, de gran cuerpo y solidez. Aromáticos y aterciopelados, de color profundo, gran capa y un poco atejados. La crianza en roble les presta su sabor a madera, que en ningún caso debe ser excesivo ni preponderante.